Capítulo 2
EL
OTRO DESTINO.
Había
pasado casi todo el día en casa de Tammy ayudándola con sus maletas, todo un
reto, debo decir. Mi amiga tenia posiblemente más ropa que todas esas estrellas
de Hollywood juntas, el problema con ello era que quería llevarse prácticamente
todo. Su gusto por la moda era asombroso, incluso ella era algo parecido a mi
asesora de imagen. Me sugería que comprar cuando estábamos de compras así como que ponerme y que no, según dictaba la ocasión. Eso no era
problema para mí ya que en asuntos de moda yo era un caso perdido, así que la
dejaba disfrutar de su deporte favorito conmigo.
—¡Estás loca! — le dije
sorprendida. —No podrás llevar todo esto en el avión. —
—Lo sé— Respondió con calma.
—Por eso mis padres lo enviaran todo después, solo planeo llevarme lo
necesario.—
—¿Te refieres a esas tres?—dije
mientras señalaba los tres enormes maletas que se encontraban entre tanto
alboroto de ropa, zapatos y bolsos.
—Si, nunca sabes cuando
puedes necesitar de todo.— me respondió con una sonrisa—
—¿Y Es necesario cargar con todo eso?— le señale varios pares de zapatos nuevos que tenia sobre la cama.
—Presiento que los necesitare todos, prefiero cargar con ellos que arrepentirme después. —
—Ya— Respondí, sin agregar algún otro comentario, pues sabia que no tenia caso.
—Has terminado ya con tu equipaje—Inquirió, concentrada en su labor.
—Sabes que si, prefiero llevarme lo estrictamente necesario y comprar el resto en Berlín.—
—Tu siempre tan practica.— Ella sonrió de manera tierna.
—¡Me encanta ser practica! ahora me marcho, se esta haciendo tarde.— Le dije, levantándome del sofá. —Ademas, le prometí a Andy que nos pasaríamos la noche entera viendo películas. Ya sabes, antes de partir.—
—Entiendo, será la ultima noche que compartirán juntas, Normal que quiera disfrutar de tu compañía.—
—Si.—
—Bien, te veré entonces mañana por la noche en el aeropuerto, procura no olvidar nada.—
—Procura no ser tu quien se vuelva loca si olvida algo.— Remarque al tiempo que le sonreía.—
Tammy respondió con un encogimiento de hombros y sonriendo también, si algo era cierto, es que en los viajes siempre olvidaba algo.
—Vale, hasta mañana entonces.— Me acerque a ella y le di un beso en la cabeza mas una ligera palmada en el hombro.
—Todo ira bien, Diky, veras que lo pasaremos genial nosotras juntas.— Agregó, usando cariñosamente el sobrenombre con el que ella y Andy solían llamarme algunas veces.
Yo asentí, sonriendo nuevamente. Tammy sabía como me sentía, pues era el mismo sentimiento que ella compartía, el de la añoranza. Por nuestro viaje, por dejar a nuestras familias y la ciudad que había sido nuestro hogar durante años, era difícil, por supuesto. Pero yo prefería considerarlo como algo estrictamente necesario.
Salí de la habitación y baje
por las escaleras. Tratando de hacer el menor ruido pues los padres y la hermana de Tammy ya dormían, toda
la casa estaba a oscuras.
Al llegar a mi auto, me negué a mirar hacia atrás, a aquella gran casa en la que había pasado incontables noches en la habitación de mi amiga, contando historias, escuchando música y todas esas cosas que nos gustaban. Si lo hacia, corría el riesgo de sentirme aún mas melancólica.
Mientras
conducía por una calle vacía, pensaba en lo que había dicho Tammy, nuestra nueva vida. La cual estaría dedicada a la universidad y viviendo juntas en nuestro fantástico apartamento en Berlín, siendo así oficialmente independientes
de muestras familias. Para ella era uno de los puntos mas importantes, para mi, bueno, mi vinculo con Andy era muy fuerte y me entristecía de sobremanera la idea de dejarla, pero ella entendía que esto era algo necesario en mi vida, su apoyo era incondicional y aunque dolía, ambas habíamos acordado que estaríamos bien, que superaríamos la distancia después de un tiempo, ademas, siempre tendríamos el teléfono e Internet para mantenernos en contacto.
Aquel ultimo pensamiento fue interrumpido por un movimiento brusco.
—Ohhh no ¿Qué pasa?.— Dije confundida al darme cuenta de que el coche se detenía.
—¡Pero qué rayos...No, no se te ocurra…! —
Y se detuvo por completo.
Inmediatamente intente arrancarlo pero fue inútil, el chillido del motor al tratar una y otra vez ademas de mis improperios era lo único que reinaba en el silencio.
—¡Rayos, rayos!— Espeté, enfadada mientras golpeaba el volante, lo que provoco que sonara el claxon y me asustara.
—Pedazo de metal
bueno para nada— le recrimine al Volvo como si de alguna manera pudiese escucharme.
—¡Eres una monada, pero de
que me sirve, si no funcionas cuando mas te necesito.!— Continué con mi diatriba.
—Un Toyota es mejor que tu, o
al menos no me dejaría varada sin…— Me quede callada pues en ese momento
pude darme cuenta de cuál era el problema, me había quedado sin gasolina.
—¡No puede ser, soy una
grandisima estúpida! — Me dije a mi misma, haciendo que mi nivel de enfado se incrementara. —¿cómo diantres me pude olvidar del combustible?
—¡Eres una perfecta estúpida, Dekatherine!— En momentos como aquellos, se me daba tan bien hablar sola. Así que me dispuse a encontrar soluciones para salir del embrollo. Llamar a Andy fue la primera opción, aunque al sacar el móvil de mi bolso y tratar de marcar su numero, me di cuenta de que no seria una tarea fácil.
¡Joder!— La palabra se me escapó al darme cuenta de que el teléfono también había muerto.
—¿Ahora que se supone que haré?— Miré a mi alrededor, la calle estaba desierta y la luz de la farola tampoco favorecía a mis nervios.
Tome un poco de dinero y escondí el bolso debajo del asiento pues no me parecía buena idea traerlo conmigo, me aleje del auto en busca de algún taxi, ya después me encargaría de solicitar ayuda para el auto, lo único que deseaba en aquel momento era regresar a casa. Para mala suerte mía olvide llevar conmigo la chaqueta, la temperatura había descendido y mis jeans y la camiseta sin mangas no proporcionaban el suficiente calor mientras caminaba.
Si lograba llegar a la siguiente avenida, podría tomar un taxi sin problema, todo parecía muy sencillo hasta que la luz de la farola titiló.
Mis nervios habían aflorado tan rápidamente a tal punto que temblaba,y no precisamente por el frió. No era que fuese una miedica con todo, era solo que una calle oscura y el tener que caminar sola a través de ella me proporcionaba un miedo incontrolable, suponía que podía compararse con otras fobias como las arañas o las agujas.
— Al menos no llevo tacones.— Pensé, tratando con ello de distraerme un poco.
—Escuche detrás de mi el sonido de un vehículo acercándose, así que tratando de distinguir entre sus brillantes luces, busque el característico color amarillo. Sonreír al ver que efectivamente era un taxi e inmediatamente le hice una señal para que parara. Para mi decepción, este me ignoro y siguió su marcha.
—Mira nada mas la cosa tan hermosa que tenemos aquí— Aquella voz me hizo dar una salto. Mis nervios se crisparon de inmediato y me apresure a seguir caminando.
—Linda, ¿no sabes lo peligroso que es el que una princesa como tu camine tan sola por aquí?— hablo nuevamente la voz, me volví sin poder evitarlo, solo para encontrarme no con uno, sino con dos sujetos que cortaban cada vez más la distancia que nos separaba.
—¿Qué?. ¿No hablas?— Agregó el otro.— Hice todo lo posible para no desesperarme y en cambio camine lo mas rápido que pude. Esperaba que se alejaran en cualquier momento, riéndose de mi por haberme asustado.
Pero no pude estar mas equivocada, pues el desconocido que había hablado al principio se plantó frente a mi, bloqueándose el paso. En ese instante todas mis alarmas se dispararon, aquello no era una simple broma, no lo era.
—Hey, ¿Por qué tan sólita?— Pregunto el mas alto y de cabello blanco, su rostro tenia una mueca divertida.
—¡Déjenme en paz! — Espete, esforzándome por controlar el miedo en mi voz.
—Pero si solo queremos
ofrecerte nuestra ayuda. — agrego el otro, que se había posicionado detrás de mi.— Intuimos que estabas perdida.Te hemos visto dejar tu auto y creímos que necesitabas compañía, nosotros solo tratamos de ser amables con una bonita chica.
—Maldición — pensé para mis
adentros. habían estado observándome desde el principio, tenia que largarme de ahí.
—¡No necesito nada de ustedes!.— Grite, algo que me sorprendió a mi tanto como a ellos. Estaba entrando en pánico y a pesar de que intentaba controlarme, mi mente solo podía figurarse imágenes nada alentadoras.
Ambos hombres se miraron con un gesto divertido para luego reír con ganas.
De pronto sentí unas manos firmes rodear mi cintura. Haciéndome saltar al tiempo que una sensación fría se expandía por mi espalda. Mi primera reacción fue intentar librarme.
—¡Suéltame! — Chille histérica, mientras forcejeaba y al mismo tiempo miraba alrededor en busca de ayuda.
—Shhhh, tranquila. — Dijo el rubio, su fingido tono tranquilizador no era mas que una amenaza.
En segundos había sido acorralada, teniendo sobre mi al rubio mientras que el otro acariciaba mi pelo y hablaba con una voz tierna que me pareció repulsiva. Mi espalda pegada contra la pared fría y las manos de aquellos dos sujetos hicieron resurgir mis viejos temores, provocandome unas horribles nauseas.Tenia tanto miedo pero me negaba a perder los estribos, si no hacia algo, ellos iban a hacer que le apetecía y yo no estaba dispuesta a soportarlo.
La adrenalina se disparó por mis venas, me esforcé por mantener el control de mi cuerpo, obligándome a ser valiente.
El rubio tomó mi rostro
entre sus enormes manos y estampo sus labios contra los míos, yo
hice todo lo posible por evitarlo, pero él era más fuerte que yo. Así que en un
acto desesperado de autodefensa logre golpearlo en la entrepierna con todas mis fuerzas. este me
soltó inmediatamente, cayendo de rodillas. No estaba segura si lo conseguiría, pero no me detuve a pensarlo y me escabullí de entre sus manos. eche a correr como si se me fuese la vida en ello mientras el aullaba de dolor. Deseaba con todas mis fuerzas que su compañero no decidiera seguirme, si lo hacia, era muy probable que me atrapara y no contaría con una segunda oportunidad de escapar.
Corrí y corrí hasta que mis pulmones se quedaron sin aire, estaba tan asustada que no me percate de la dirección que había tomado, ningún lugar me parecía seguro para detenerme y cada sombra o sonido extraño avivaba mas mi temor.
Tuve que detenerme en algún momento,
no sabia cuanto tiempo había corrido ni hasta que distancia pero esperaba que fuese demasiado lejos de ellos. Me sentía aturdida, mi pecho ardía por el esfuerzo y la cabeza me daba vueltas.
Un golpe más me hizo olvidarme de mi malestar y reaccione enseguida. Todo
ocurrió en segundos, mi rostro impacto contra el pecho firme de alguien, el golpe tuvo la suficiente fuerza como para hacerme perder el equilibrio y antes de que tocara el suelo, unas hábiles y rápidas manos me sujetaron por la cintura.
Mi respuesta nuevamente fue luchar, grite desesperada al tiempo que lanzaba golpes al aire y a lo que deduje era una mandíbula. Me habían atrapado otra vez.
¡Hey, hey. Cálmate! — Demando mi atacante.
—¡Suélteme, suélteme! — Grite, completamente alterada, mantenía los ojos cerrados pues temía volver a encontrarme con aquellos rostros desagradables y continué mi lucha de golpes sin piedad.
¡aléjese o le mataré! — Amenace, convencida incluso de ello.
¡Hey, niña ya basta! Estate
quieta.— volvió a exigirme el hombre, su voz se tornaba distinta a como la había escuchado antes.— no voy a hacerte
daño, ¡cálmate ya!
No supe si fueron exactamente
sus palabras o la fuerza que empleo para sacudirme por los hombros, yo de pronto reaccione, mi lucha cesó al igual que mis gritos, él me aprisionaba entre sus fuertes brazo, como si temiera que en cualquier momento volvería a asestarle golpes. Me miro con especial atención al tiempo que el alivio recorría todo mi cuerpo, aquel no era uno de los hombre que querían hacerme daño.
— Quédate quieta— me ordeno con firmeza— No voy a lastimarte, ¿qué acaso estas loca?
Yo no respondí; poco a poco
recobre la cordura y volví a la realidad. Mi captor estudiaba mi rostro de la misma manera que yo lo hacia.
— Tranquila— repitió— ¿ves? No estas en peligro, nadie quiere lastimarte.
Yo continué en silencio, estudiando aquel rostro que cada vez me era mas familiar.
— ¿De dónde rayos has salido? —
Quiso saber, parecía un poco molesto aunque su rostro decir todo lo contrario, en el se leía algo parecido al asombro.
Y fue ese instante en donde lo reconocí. Rebuscando en mi memoria hasta que un nombre surgió. Cualquiera hubiese creído que aquella noche era una broma, había tropezado justamente Tom Kaulitz después de una desenfrenada huida por defender mi vida. Sin duda era una broma.
— Hola,
¿me escuchas?— Pregunto él, con el ceño fruncido.
— He... Si— Respondí un poco confundida. — Eres Tom.—
En respuesta él sonrió, ese gesto en su rostro era atractivo y nada amenazante, lo cual me tranquilizó un poco.
—Bien, si te suelto, ¿prometes no volver a golpearme?— preguntó, entonces me percate de que aun estaba entre sus brazos y sentí el calor en mi rostro producto del sonrojo.
—Yo.. es que.. tú..Si—balbuceé. El me soltó con cautela, como si temiera que en cualquier momento comenzara a repartir golpes de nuevo.
—Pues ya veo que sabes mi nombre, por cierto, me has dado un susto de muerte.— Replico con otra de esas sonrisas atractivas.—
—lo siento, yo no te vi— Fue lo único que se me ocurrió decir, en verdad no me apetecía dar mas explicaciones, mi miedo se había disipado y en su lugar solo quedaba la vergüenza.
—Sí, creo que eso ya me ha
quedado claro — respondió Tom, ahora mostrando una sonrisa dulce y relajada.
—¿Te he hecho daño?— Le pregunta al tiempo que deseaba que no fuese así, pues eso solo me haría sentir culpable.
—No, estoy bien, al menos para mi el golpe no ha sido tan fuerte. ¿tu estas bien?— Inquirió, estudiándome de arriba abajo.
Yo asentí. Me dolía la cara gracias al golpe contra su pecho pero decidí no comentarlo.
Yo asentí. Me dolía la cara gracias al golpe contra su pecho pero decidí no comentarlo.
—¿Estabas huyendo de algo o alguien?—Su pregunta automáticamente me hizo volverme hacia atrás, para mi alivio ninguno de los dos sujetos estaba cerca.
—¿Qué pasa? ¿Alguien te
seguía?— pregunto Tom al percatarse de mi reacción. Yo me reprendí por aquello, si bien mi miedo había menguado dejando mi mente mas clara, esta me decía a gritos que fuera a casa lo antes posible. que ahí estaría mas segura.
—No —Respondí de inmediato.— No
es eso, yo solo... bueno... no importa.—me callé.
—¿Estás segura?— Volvió a
preguntarme, mirándome con mucha atención una vez más.
—Si, yo solo corría y no te vi, me disculpo nuevamente por ello— le mentí, esta vez me aseguré de sonar segura de mi misma y dejar de actuar como una damisela en apuros.
—¿Y corres a altas horas de la noche? — quiso saber, al tiempo que alzaba una ceja.
—Si, algunas veces lo hago.— Sonreí de la manera mas despreocupada que me fue posible. No serviría de nada contarle sobre mi altercado con dos desconocidos, lo peor ya había pasado y lo único que me interesaba era marcharme.
—Si, algunas veces lo hago.— Sonreí de la manera mas despreocupada que me fue posible. No serviría de nada contarle sobre mi altercado con dos desconocidos, lo peor ya había pasado y lo único que me interesaba era marcharme.
—Sabes que eso es una tanto peligroso en esta ciudad ¿No?— Me advirtió.
—Lo se, no es algo que... — Mis palabras se quedaron en el aire pues un grupo de chicas corrieron hacia él. Yo di un salto y retrocedí, quedándome sorprendida de la manera en que ellas lo abordaron de inmediato, rodeandole y ablandole emocionadas. Pude contar al menos seis chicas y una de ellas ya le entregaba un bolígrafo y un cuaderno de apuntes. Lo cual me hizo pensar que eran de ese tipo de fanáticas que salían de casa con la clara idea de encontrarse con su artista favorito, lo cual, tratándose de Los Ángeles, era normal.
—Una de las chicas me hizo a un lado dándome un empujón, otra de ellas y con cámara en mano comenzó a hacer fotos como si se le fuese la vida en ello. Toda esa atención que no era para mi me hizo sentir incomoda y nerviosa. Tom por su parte parecía acostumbrado a ser el centro de atención y lo disfrutaba.
Todas buscaban obtener una foto con él, así como mas autógrafos en camisetas e incluso la piel. Mientras él les pedía calma lanzo una sutil mirada en mi dirección y me sonrió apenado.
Todas buscaban obtener una foto con él, así como mas autógrafos en camisetas e incluso la piel. Mientras él les pedía calma lanzo una sutil mirada en mi dirección y me sonrió apenado.
Yo solo observaba el alboroto, más fotos vinieron y entonces decidí que no tenia nada que hacer ahí, el rostro del desagradable hombre rubio vino a mi mente y sentí mucho frió. Un taxi se acercaba y me apresure a tomarlo, si Tom Kaulitz estaba teniendo problemas con las jóvenes que acaparaban su atención no era mi problema. Seguramente estaría bien.
Aborde el taxi y una vez dentro busque al rededor en busca de una cabeza rubia que aguardará en las sombras, pero no la encontré y eso me hizo sentir muy aliviada, no recordaba al otro sujeto pues mi atención se había centrado por completo en su compañero. Me iría a casa y trataría de olvidar aquel horrible episodio.
—¿A dónde? — Preguntó la voz cansada detrás del volante.
—A Mulholland Estates # 127
de Beverly Hills, por favor — respondí, me deje caer contra el respaldo de cuero y respire, relajando mis tensos músculos y esperando que Andy no notase mi angustia.
—¿Un famoso verdad? — Quiso
saber el conductor.
—Eso parece— El auto se puso en marcha y eche un vistazo atrás, la cabeza debajo de la capucha de Tom sobresalía de la de sus fans, lo vi volverse en donde yo había estado un momento antes, después busco al rededor y yo sonreí. Se me daba tan bien escabullirme cuando nadie me miraba y me felicite por eso.
—Si hay algo divertido en esta ciudad, es que siempre es probable que te encuentres con uno de esos famosos de Hollywwod— Comentó el taxista.
—Cierto— Sonreí y el me devolvió el gesto a través del retrovisor.
El trayecto a casa fue un tanto tedioso pues ademas de los intentos del conductor por establecer una larga charla conmigo, yo meditaba al mismo tiempo en la mejor respuesta que le daría a Andy. La idea de decirle toda la verdad estaba descartada, pues si lo hacia, ella se alteraría y tomaría alguna medida descabellada como ponerme un chófer que hiciese a la vez de guarda espaldas.
El rostro de Tom y su voz tranquilizadora me vinieron a la mente, lo cual me hizo sonreír. En cierta manera me consideraba una fan de su banda, en especial de su música, con la cual había pasado largas cesiones de caraoke en mi habitación. Personalmente me identificaba con sus letras y el mensaje que transmitían. Estudiaba cada canción, cada mezcla melódica y me imaginaba a mi misma ser transportada a ese mundo que ellos habían creado, era una especie de terapia para mi, algo que me hacia sentir realmente bien. Tampoco negaba el hecho de que tanto su hermano gemelo como él eran muy atractivos, pero mi fanatismo solo llegaba hasta ahí.
—Cierto— Sonreí y el me devolvió el gesto a través del retrovisor.
El trayecto a casa fue un tanto tedioso pues ademas de los intentos del conductor por establecer una larga charla conmigo, yo meditaba al mismo tiempo en la mejor respuesta que le daría a Andy. La idea de decirle toda la verdad estaba descartada, pues si lo hacia, ella se alteraría y tomaría alguna medida descabellada como ponerme un chófer que hiciese a la vez de guarda espaldas.
El rostro de Tom y su voz tranquilizadora me vinieron a la mente, lo cual me hizo sonreír. En cierta manera me consideraba una fan de su banda, en especial de su música, con la cual había pasado largas cesiones de caraoke en mi habitación. Personalmente me identificaba con sus letras y el mensaje que transmitían. Estudiaba cada canción, cada mezcla melódica y me imaginaba a mi misma ser transportada a ese mundo que ellos habían creado, era una especie de terapia para mi, algo que me hacia sentir realmente bien. Tampoco negaba el hecho de que tanto su hermano gemelo como él eran muy atractivos, pero mi fanatismo solo llegaba hasta ahí.
Cuando el auto se detuvo frente a mi casa, me di cuenta de que había estado divagando nuevamente. me había entretenido pensando en Tokio Hotel, Tom Kaulitz y en Alemania. Mi mente solía activarse en un estado de recesión, algo que solía pasar muy a menudo cuando necesitaba despejarme después de un mal momento.
Pague al conductor y este me sonrió al tiempo que sus dedos rosaron los míos mas de lo necesario cuando puse el dinero en su mano.
Yo automáticamente aleje la mía, el contacto físico siempre me resultaba difícil de asimilar aún en los mas sutiles. Secuelas, solía llamarle Andy.
El taxista se marchó y yo me dispuse a buscar las llaves en los bolsillos de mis pantalones, solo para darme cuenta de que no las traía conmigo.
—¡Genial!— Llame por el interphone.
El taxista se marchó y yo me dispuse a buscar las llaves en los bolsillos de mis pantalones, solo para darme cuenta de que no las traía conmigo.
—¡Genial!— Llame por el interphone.
—Residencia Burkhard — Escuche la voz de Sarah por el aparato.
—Me he olvidado las llaves, ¿me dejas entrar? —
—¡Jovencita, Gracias a Dios!— ella dijo aliviada. escuche el sonido del seguro al desactivarse y espere a que el portal se abriera.
—lo se — le respondí a
nuestra ama de llaves en tono tranquilo— ¿me abres por favor?
Cruce el gran jardín y llegue hasta la puerta, en donde como era de esperar, al abrirla me encontré con Andy y Sarah.
—Se suponía que llegarías hace dos horas. — Escuche decir a Tia Andy mientras cerraba la puerta detrás de mi.
—Hola, ¿no deberías ya estar dormida? me refiero a las dos — Miré a Sarah y después a mi tía.
—¿Y bien?— Inquirió Andy con seriedad.
—Se me ha pasado el tiempo, sabes como es cuando estoy con ella.— respondí.
—¿Y tu auto?—
—¿Y bien?— Inquirió Andy con seriedad.
—Se me ha pasado el tiempo, sabes como es cuando estoy con ella.— respondí.
—¿Y tu auto?—
—Veras.— Sonreí para tratar de hacer del asunto algo divertido.
Ella alzo una ceja y supe que debía contarle, excepto de Tom y de los dos sujetos desconocidos, claro.
—Me he quedado sin combustible.— Acepte.
—¿Otra vez?— Inquirió sorprendida.
Yo asentí. —El móvil también murió, así que he tomado un taxi.—
—¡Cariño, la cosa mas normal del mundo es poner el combustible al auto cuando lo necesita. Parece que eres la única persona que siempre lo olvida!— Agregó exasperada.
Yo me encogí de hombros. aceptando mi culpa y esperando que la reprimenda no se extendiera por mas tiempo.
—Sabes que no me gusta que estés fuera a tan altas horas de la noche, Deka.—
Yo me encogí de hombros. aceptando mi culpa y esperando que la reprimenda no se extendiera por mas tiempo.
—Sabes que no me gusta que estés fuera a tan altas horas de la noche, Deka.—
—Lo se, Andy—
—No has corrido peligro, ¿verdad?— Inquirió Sarah.
—Para nada— Le mentí
Sarah asintió mirando a Andy y diciéndole algo con los ojos que yo no supe interpretar, pero que pude intuir para mi desagrado.
—No has corrido peligro, ¿verdad?— Inquirió Sarah.
—Para nada— Le mentí
Sarah asintió mirando a Andy y diciéndole algo con los ojos que yo no supe interpretar, pero que pude intuir para mi desagrado.
—Estoy bien, ¿Vale?— Increpé. —No me ha pasado nada, he vuelto a casa sin problema y no deberían tomarse este asunto tan a pecho. Solo he llegado un poco tarde y ya esta.
—Deka, tu sabes....—
—¡Si, Andy, lo se— La interrumpí, mi enfado se había presentado de improviso y no parecía detenerse. —Se de todo el peligro que hay afuera y que cualquier cosa de ese tipo me pondría de cabeza, lo se mas que perfectamente!
Estaba siendo dura con ella y me molestaba reaccionar así, pero esto era como un interruptor que una vez que era activado, difícilmente podía pagarlo, no hasta que hubiese descargado todo mi mal genio. Ambas mujeres reconocían mis lapsus y parecían soportar mi descarga. Yo en cambio, me sentía aún peor después de explotar.
—Vale, esta bien. Todo esta bien, has llegado a casa y me alegro por ello, no hay nada más que decir.— Andy miró a Sarah y esta asintió.
—Yo estudie a las dos mujeres, tratando de no explotar de nuevo, su condescendencia aveces me resultaba insoportable.—
—¿Dónde has dejado el auto? llamare a una grúa para que vayan a por el— Dijo Andy.
Le di la dirección a lo que ella asintió y tomo el teléfono, mientras hablaba, Sarah trato de hacerme tomar algo de leche tibia pero yo lo rechace. Habían sido suficientes emociones por una noche y lo único que me apetecía era estar sola. así que me dispuse a subir las escaleras.
—¿Que hay de nuestras películas?—Inquirió Andy una vez que colgó, haciéndome recordar de pronto que habíamos planeado quedarnos hasta tarde viendo filmes.
—Cierto.— Baje nuevamente y me fui al salón de entretenimiento,seguida de mi tía quien trajo consigo a Sarah, la cual se quejaba de tener mejores cosas que hacer como dormir a sentarse y ver películas.
Sarah era una mujer de mediana edad, aveces gruñona, otras veces dulce. La había conocido cuando tenia cinco años de edad y según palabras suyas, yo me convertí de inmediato en la niña de sus ojos. Le gustaba contar acerca de lo mona y cariñosa que yo era a tan corta edad. Algo que actualmente se combinaba con mis arranques de mal genio o en algunos casos, mis episodios de silencio.
Pasamos las siguientes dos horas viendo películas de comedia y romance, Sarah se retiró justo al comenzar la segunda y en cuanto a mi, no pude mantenerme despierta con la tercera. Antes de caer en un profundo sueño, el rostro de Tom se dibujo de nuevo en mis recuerdos. Él tenía una sonrisa que me agradaba y exactamente no entendía por qué.
—Deka, tu sabes....—
—¡Si, Andy, lo se— La interrumpí, mi enfado se había presentado de improviso y no parecía detenerse. —Se de todo el peligro que hay afuera y que cualquier cosa de ese tipo me pondría de cabeza, lo se mas que perfectamente!
Estaba siendo dura con ella y me molestaba reaccionar así, pero esto era como un interruptor que una vez que era activado, difícilmente podía pagarlo, no hasta que hubiese descargado todo mi mal genio. Ambas mujeres reconocían mis lapsus y parecían soportar mi descarga. Yo en cambio, me sentía aún peor después de explotar.
—Vale, esta bien. Todo esta bien, has llegado a casa y me alegro por ello, no hay nada más que decir.— Andy miró a Sarah y esta asintió.
—Yo estudie a las dos mujeres, tratando de no explotar de nuevo, su condescendencia aveces me resultaba insoportable.—
—¿Dónde has dejado el auto? llamare a una grúa para que vayan a por el— Dijo Andy.
Le di la dirección a lo que ella asintió y tomo el teléfono, mientras hablaba, Sarah trato de hacerme tomar algo de leche tibia pero yo lo rechace. Habían sido suficientes emociones por una noche y lo único que me apetecía era estar sola. así que me dispuse a subir las escaleras.
—¿Que hay de nuestras películas?—Inquirió Andy una vez que colgó, haciéndome recordar de pronto que habíamos planeado quedarnos hasta tarde viendo filmes.
—Cierto.— Baje nuevamente y me fui al salón de entretenimiento,seguida de mi tía quien trajo consigo a Sarah, la cual se quejaba de tener mejores cosas que hacer como dormir a sentarse y ver películas.
Sarah era una mujer de mediana edad, aveces gruñona, otras veces dulce. La había conocido cuando tenia cinco años de edad y según palabras suyas, yo me convertí de inmediato en la niña de sus ojos. Le gustaba contar acerca de lo mona y cariñosa que yo era a tan corta edad. Algo que actualmente se combinaba con mis arranques de mal genio o en algunos casos, mis episodios de silencio.
Pasamos las siguientes dos horas viendo películas de comedia y romance, Sarah se retiró justo al comenzar la segunda y en cuanto a mi, no pude mantenerme despierta con la tercera. Antes de caer en un profundo sueño, el rostro de Tom se dibujo de nuevo en mis recuerdos. Él tenía una sonrisa que me agradaba y exactamente no entendía por qué.
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